Mostrando entradas con la etiqueta David Bowie. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Bowie. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de marzo de 2011

Domingo de revistas viejas, de viejos cumpleaños y de un viejo regaño; pero todos ellos aun actuales.

Tres pasos de largo.
Stop.
Tres pasos hacia atrás.
Me faltaban 29 y hoy me faltan 27.
Con mucha paciencia y poco a poco, pero ahí la llevo.
Me puse a husmear en un montón de revistas viejas que había en un puesto de periódicos del centro de la ciudad y me encontré con un agradable hallazgo: los números 13 y 16 de la revista La Mosca en la Pared. Esta revista fue mi Biblia en lo que ha música se refiere, y gracias a ella tuve noticias y contacto con un mundo musical que, aun hoy, me apasiona. Y aun cuando hoy en día haya una versión digital del afamado y mítico “pasquín” (les encantaba nombrarse de esa manera) no se compara, ni por asomo, a su enorme (34cm x 23cm) versión impresa.



El número 33 fue el primero que compre, y a partir de la edición 37  no deje de adquirirla por ningún motivo. Del 37 hasta el 125 (su último número) los tengo todos. Además de eso me he dedicado a conseguir los ejemplares que me hacen falta para completar la colección y así me he hecho de varios, como por ejemplo los números 2 y 3, entre otros.
Siempre es gracioso leer por primera vez una revista vieja, porque si bien conoces el contexto histórico del momento en que fue impresa, aun así la información te resulta fresca. Y se refresca aun más cuando se dan coincidencias como la siguiente.

En la infaltable sección de cuatro por cuatro (algunas noticias ficticias y otras no tanto, de la agencia La Mosa nius) del número 13 (con Café Tacuba en la portada) aparece la siguiente noticia:

Que cincuenta años no es nada.
DAVID BOWIE FESTEJA MEDIO SIGLO DE VIDA CON UN ALBUM ESTUPENDO
Nueva Cork. Agencia yUPI. Para demostrar que los “viejos” rocanroleros son como el buen mezcal (nótese la referencia nacionalista para que luego no nos acusen de extranjerizantes y demás etcéteras), David Bowie festejó sus cincuenta años de vida con un magno concierto en el Madison Square Garden de esta ciudad. En la celebración participó una pléyade de invitados, entre los que podemos contar a luminarias como Lou Reed, Robert Smith, Billy Corgan y varios más. No se trató sin embargo de una fiesta nostálgica, ya que Bowie parece haber tomado un segundo (o tercero o cuarto o enésimo) aire, lo que demostró con la aparición de sus dos más recientes álbumes, Outside (1995) y el flamante Earthling (1997), en los que ha renovado su música, adaptándose a los sonidos de vanguardia como el rock industrial y el jungla. No cabe duda: el buen Ziggy Stardust goza de cabal salud. (Pág 14 del número 13, Marzo de 1997)



Pues bien, dicho concierto era noticia fresca en aquél marzo del 97 (el evento acababa de tener lugar el 9 de enero de ese año), pero hoy en este (coincidentemente) marzo del 2011; a 14 años de distancia, vuelve a ser noticia por la siguiente razón:


La revista española Efe Eme nos informa el día de hoy, que aquél birthday concert de Bowie & friends será editado, el próximo 26 de abril, como un nuevo disco en vivo del afamado Delgado Duque Blanco. La revista dice que el listado de canciones es el siguiente:

1.- ‘Little Wonder’.
2.- ‘The Hearts Filthy Lesson’.
3.- ‘Scary Monsters (And Super Creeps)’ (with Frank Black).
4.- ‘Fashion’ (with Frank Black).
5.- ‘Telling Lies’.
6.- ‘Hallo Spaceboy’ (with Foo Fighters).
7.- ‘Seven Years In Tibet’ (with Dave Grohl).
8.- ‘The Man Who Sold The World’.
9.- ‘The Last Thing You Should Do’ (with Robert Smith).
10.- ‘Quicksand’ (with Robert Smith).
11.- ‘Battle For Britain’.
12.- ‘Voyeur Of Utter Destruction (As Beauty)’.
13.- ‘I’m Afraid Of Americans’ (with Sonic Youth).
14.- ‘Looking For Satellites’.
15.- ‘Under Pressure’ (with Gail Ann Dorsey).
16.- ‘Heroes’.
17.- ‘Queen Bitch’ (with Lou Reed).
18.- ‘I’m Waiting For The Man’ (with Lou Reed).
19.- ‘Dirty Blvd.’ (with Lou Reed).
20.- ‘White Light/White Heat’ (with Lou Reed).
21.- ‘Moonage Daydream’.
22.- ‘All The Young Dudes’ (with Billy Corgan).
23.- ‘The Jean Genie’ (with Billy Corgan).
24.- ‘Space Oddity’.
25.- ‘Can’t Read’.



Lo viejo se torna nuevo, y lo nuevo tiene sus raíces en lo viejo. Como siempre.
¿Y el hilo negro pa´?



Por otra parte, y a manera de pequeño extra.
En la página 31 de ese mismo número 13 de La mosca… aparece la sección ¿O no? De Eusebio Ruvalcaba (sección que a partir de la edición 44 de la revista cambiaría su nombre por el de Un hilito de sangre, nombre tomado de la novela más conocida de este autor –muy entretenida por cierto-)

En ese número 13 Eusebio Ruvalcaba escribió el texto titulado: Bach vs Chopin, y en él nos dice:

“No se te ocurra consultarlo en un libro de música; menos preguntárselo a algún intelectual de esos que invariablemente visten zapatos de gamuza y pantalones de mezclilla y que no salen del Parnaso o la Gandhi; porque ya sea el libro o el intelectual, te van a decir que no, que estoy loco, que eso no es posible. Pues aunque no lo creas –y ya me estaba tardando para entrar en materia, Chopin y Bach se parecen tienen puntos en común que ni te imaginas.”

En aquel marzo del 97 Eusebio Ruvalcaba hablaba de cómo los nombres de estos dos músicos son llevados y traídos por todos aquellos  que queremos parecer “intelectuales” a la menor provocación. Son los nombres de cajón que disparamos cuando nos queremos dar baños de cultura y susurramos entre dientes “sí, sí, también escucho algo de música clásica”; entonces Ruvalcaba nos reprocha:

“A lo que voy es a esto: no soporto a los soflameros, los bloferos, los intelectuales de pacotilla, los que carecen de ideas propias y se alimentan de las opiniones de lo demás, trátese a favor o en contra. Estoy hablando de los fanáticos de Bach que jamás se han sentado a escucharlo, o de los denostadores de Chopin en iguales condiciones.”

Palabras duras pero justas.

Un año más tarde, en diciembre de 1998, la editorial Verdehalago lanzaría al mercado Con olor a Mozart, poemario firmado por el mismo Eusebio Ruvalcaba, y donde el autor pasaría revista a muchos nombres de músicos clásicos (entre ellos el de su mismo padre Higinio Ruvalcaba, pág 30). Un pequeño poema para cada autor. De ese pequeño poemario quiero rescatar las líneas dedicadas a los nombres de Bach y de Chopin. Nombres que dieron pie de entrada a aquél regaño.

Bach.
Pitágoras habría envidiado su matemática                             
musical.
Su hijo Gottfried soplaba el fuelle del órgano
mientras él tocaba. Era el único modo de que
sonriera
Gottfried. Bach se despidió de él y murió.
(Ruvalcaba, Eusebio. Con olor a Mozart. Verdehalago, México, D.F. 1998. Pág 14)






Chopin.
Poníase un pañuelo en la boca cuando tosía.          
Para no escupir a quienes lo rodeaban.
Y porque el color de la sangre lo abrumaba.
De esos pañuelos –cientos- no queda
ninguno.
(Ruvalcaba, Eusebio. Con olor a Mozart. Verdehalago, México, D.F. 1998. Pág 19)

martes, 7 de septiembre de 2010

Empapa tu vestido y envíamelo a West Memphis.

I´m not blind/ I can see it coming/ Looks like lightning/ In my child´s eye//

Army Reserve. Pearl Jam

(letra en coautoría de Eddie Vedder y Damien Echols)

No es un secreto. Es algo conocido por todos. Desde inicios-mediados de los 90´s los integrantes de Pearl Jam han hecho público su apego a distintas causas sociales. Cuando estaban en el pináculo de su éxito —no es que ahora no sean exitosos, pero en los 90´s gozaban de ese prestigio que sólo da el ser una de “las bandas del momento” — iniciaron una batalla legal contra Ticketmaster para que los boletos de sus conciertos se vendieran a un precio razonable. Además de la gran cantidad de conciertos benéficos, a favor de distintas causas, y de sus muchas alusiones a favor de la libertad del Tibet, los de Pearl Jam se inmiscuyeron en las campañas presidenciales que hicieron frente al gobierno de George W. Bush (la de John Kerry y posteriormente la de Barack Obama). En el plano estrictamente musical podemos traer a colación canciones como Bu$hleaguer del Riot Act: “Hes not a leader, hes a Texas leaguer…” la clásica Jeremy del Ten o la oscura Rival del Binaural.

                                                 
Por eso no es de extrañarse ver a Eddie Vedder en el programa de Larry King hablando sobre la necesidad de un nuevo juicio para los llamados “West Memphis Three”. Este nombre se le atribuye a los tres jóvenes ( Jessie Misskelley, Damien Echols y Jason Baldwin) que en mayo de 1993 fueron acusados de matar a los niños, de tan solo ocho años de edad, Steve Branch, Christopher Byers y Michael Moore. Los asesinatos fueron cometidos brutalmente, los cadáveres de los niños presentaron puñaladas, golpes, mutilaciones, castraciones, etc… Es por todo esto que el caso dio y sigue dando mucho de que hablar, sobre todo por que la manera en que se llevo a cabo la investigación policiaca. Los oficiales de West Memphis basaron su caso en argumentos como el gusto por el rock, la literatura de terror, y las vestimentas negras de Damien Echols (el supuesto líder), para crear alrededor de él una historia de ritos satánicos y asesinatos de niños dentro de los bosques de la localidad. No hubo un control adecuado de pruebas, ni de las escenas de los crímenes, además de darle mucho peso a declaraciones ambiguas. A pesar de estas deficiencias el veredicto (que aun hoy en día está en marcha) fue la pena de muerte para Echols (en aquel entonces de 16 años), y cadena perpetua sin derecho a fianza para los otros dos involucrados: Misskelley (17 años) y Baldwin (16 años). En un principio Misskelley se declaró culpable de los asesinatos y además involucró a los otros dos adolescentes; la defensa de los “West Memphis Three” ha dicho que la confesión de Misskelley fue forzada por la intimidación policiaca y apoyada en el bajo perfil y poco carácter del muchacho. Pero el daño ya estaba hecho. Exceptuando aquella confesión de Misskelley, aquellos tres muchachos, ahora ya adultos, siempre han proclamado su inocencia, y ahora con los adelantos en las ciencias forenses piden la reapertura y posterior revisión de su juicio y entonces, su posible exoneración. Así lo hacen saber en su página oficial.

http://www.wm3.org/

                                                                   

Sobre este caso se filmó el documental “Paradise Lost. The child murders at Robin Hood Hills” el cual sirvió para que varios artistas como Johnny Deep, Henry Rollins, Jello Biafra, Natalie Maine de las Dixie Chicks y Eddie Vedder de Pearl Jam, entre otros se unieran a la causa; tanto la cantante de las Dixie Chicks como la voz de Pearl Jam aparecieron la semana pasada en el show de Larry King hablando sobre un concierto a favor de los “West Memphis Three”. Eddie Vedder habló de cómo “estaba 100% seguro de su inocencia” además de que dijo entender, y sentir el pesar de las familias de los niños asesinados, las principales victimas de todo este embrollo. Pero es precisamente por la memoria de esos pobre niños y por la paz de sus familias que el caso debe ser debidamente aclarado. A grandes rasgos esa era la postura de Vedder, Maine y los otros invitados de Larry King.

Sin lugar a dudas el caso de estos tres hombres —de los “West Memphis Three”— es sumamente trágico por donde quiera que se le mire. Aquí toda arista resulta filosa. Si la mirada la enfocamos a los tres pobres niños asesinados, entonces la ira nos toma por lo hombros y nos recuerda cuan atroz es mancillar y cortar de tajo la etapa más feliz de los seres humanos. Atentar contra la infancia es atentar contra la felicidad en su estado más puro. Pareciera que la felicidad es retrógrada.

Pero si nos calzamos los zapatos de la Comunidad de Memphis, Arkansas, entonces la sed de sangre nos corroe la garganta. Nos perdemos en la justicia ciega de la multitud; ahogarse en la muchedumbre, en verdad es, perder la conciencia, la conciencia de sí. Ahí donde todos somos uno mismo, y uno mismo es ese todos. Desde la perspectiva que nos otorga nuestra situación cronológica y demográfica, podemos condenar a la comunidad de Memphis por la histeria colectiva y la cacería de brujas que aprobó. Eso es fácil; lo difícil es aceptar que muchos habríamos hecho lo mismo. ¿Cómo reaccionaríamos ante tres infantiles cadáveres? ¿En verdad seríamos capaces de desde un inicio zafarnos de la lógica de la multitud?

                                                                  

En el 2004 la Editorial Arlequin puso a la venta un libro que en su portada trae un fotograma del Nosferatu de F.W. Marnau. El titulo: En el principio fue la sangre. El autor: José Luis Zárate. Entre la serie de ensayos que dan cuerpo al libro remitámonos al que lleva por nombre La multitud.

Uno sabe que la multitud no piensa. La velocidad con la que se reúne no sigue ninguna pausa lógica, sólo la de la curiosidad. Nadie puede estar aislado en la ciudad. O tal vez sí, tal vez se pueda estar solo del peor modo posible: ahí, sin nadie y rodeado de gente. Rostros que únicamente quieren ver sangre, enterarse de cuántos han muerto, admirar el monto de los daños. No es posible pedirle comprensión a la multitud, ni una gota de piedad. La multitud es egoísta. (Pág. 58)

Tomemos prestada un poco de la humildad de Luis Zárate cuando dice:

También he sido ojos atentos, y aspirado el aroma del desastre como un perfume. No hay justificante. No hay motivos. Simplemente la multitud soy yo. Ustedes. (Ibídem.)

Un bosque, un riachuelo, y en él unas ramas, unas rocas y tres cuerpos; la sangre inunda nuestro rostro y anega nuestro espíritu racional. A lo lejos tres sospechosos… ¿nuestro primer impulso? ¿nuestra primera impresión? Un anuncio comercial rezaba que La primera impresión jamás se olvida, quizás por espacio de tiempo omitieron la parte que dice: y jamás se razona.

Pero hay otros actores que no podemos dejar de lado: los sospechosos. No soy nadie para llamarlos culpables o asesinos. Aquí a miles de kilómetros, a millares de rostros, y a un océano de desconocimiento de distancia, les puedo otorgar el beneficio de la duda. Jessie Misskelley, Damien Echols y Jason Baldwin son sospechosos. Si nuestra atención se centra en ellos, la cosa no mejora. Tres individuos que los últimos 17 años han vivido en la cárcel, dos de ellos con la cárcel como única garantía en su horizonte, el otro con una tumba graduada como meta. Tres adolescentes que dieron el paso a la edad adulta entre las rejas y nadando contra corriente. No ha de ser cosa sencilla, ni mucho menos agradable tener la puerta de tu celda rotulada con el slogan de “satánico asesino de niños”. Al interior enemigos perfectamente numerados, en el exterior el enemigo innúmerado (y este es el más peligroso).



Pero Eddie Vedder y Natalie Maine no fueron los únicos invitados que Larry King tuvo aquella noche. Además de los dos cantantes estaban presentes Dennis Riordan, el abogado defensor de Damien Echols, y la principal promotora de la libertad de los West Memphis Three, Lorri Davis. Durante la emisión Larry King preguntó a los invitados como es que se habían involucrado con la causa. Tanto Vedder como Maine dijeron que fue a partir de que vieron el documental de Paradise Lost, cuando se comenzaron a informar sobre el caso. Así transcurrió la conversación hasta que salió a la luz la cuestión de que Lorri Davis estaba casada con Damien Echols. Al parecer ella se interesó en el caso y comenzó a escribirle a Echols. De la relación epistolar nació una gran empatía que siguió con encuentros personales (creo que dijo mensuales) en la cárcel donde están presos los West Memphis Three, y que después de eso la relación tomo tal fuerza que terminó casándose con Echols. Vaya historia. La propia Lorri Davis dijo que “se llevan mejor que muchas parejas que conviven personalmente”.

A pregunta expresa de Larry King: ¿En Arkansas no se permiten visitas conyugales, verdad? Lorri Davis contestó entre sonriendo y apenada: “No”.

Esa sí que es una relación comprometida.

Echols pelea por su libertad, y dentro de esa libertad está incluida la posibilidad de convivir íntimamente con su comprometida esposa. Mientras esto no pase Damien Echols me hace recordar la desesperación que emana de la letra de Cactus.

__________________________________________________________

                                                    
David Bowie abrió el tan mentado (y desilusionante) nuevo milenio con una nueva proclama. Si antes fue conocido como Ziggy Stardust o el Delgado Duque Blanco, en el 2001 se reconoció un pagano (heathen). Después de un disco tan bueno (a mí me lo parece) como lo fue el Hours del 99, Bowie decidió no desviar tanto el camino (algo que tampoco es ajeno a su costumbre). Si en Hours la intimidad de rolas como Seven o Tuesday´s Child eran pasadas por un fino filtro electrónico —a veces rockero como en The pretty things are going to hell—, en Heathen del 2001 se sigue esa misma regla, aunque más amplificada. La veta electrónica cobra mucho más peso en Heathen. Con voces arropadas por una gran cantidad de efectos (vocoder, loops, ecos…) y letras que descansan en medio de una red de sonidos electrónicos —la mayor parte de ellos con tintes etéreos— Heathen se presenta como un disco difícil de digerir, elegante sí, pero de difícil acceso. No es una producción de primera escucha; no se te pega a la primera. Canciones como Slow Burn (sencillo del disco), I took a trip on a gemini spaceship (firmada a nombre de un legendary stardust cowboy) o 5:15 the angels have gone dan muestra de esa genial amalgama de rock/pop/glam/electrónica que quedó asentada en Heathen. Es por esto mismo que resulta curiosa la inclusión de dos covers de artistas que podríamos considerar totalmente ajenos al sonido del disco: Neil Young y los Pixies. Bowie toma prestada I´ve been waiting for you de Neil Young y la convierte en la canción más guitarrera del disco, se podría decir la más "tradicional" del álbum. La guitarra está en primer plano, la línea del bajo es notoria y el ritmo de la batería es sumamente marcado. La voz de Bowie no presenta muchos arreglos, salvo unos pocos efectos de eco, pero suena nítida y bien entonada.

Por otro lado tenemos el arreglo que Bowie le hizo a la canción Cactus de los Pixies. En el Surfer Rosa de los Pixies, Cactus se presenta como una canción oscuramente sucia, y esto se debe al sonido sucio que marca todo el disco: Guitarras distorsionadas, voces chillonas, gritos en español y letras románticamente mórbidas como la de Cactus. David Bowie tomó esta canción y le dio un giro bastante interesante. Si en la mano de los Pixies la canción es pervertida, en la visión y mando de Bowie se torna pop. Bowie salva la melodía de la canción con un tímido rasgueo de guitarra, y la reviste con el grueso sonido del bajo, además de incluir una serie de doblajes a su voz a manera de coro. El resultado total es una muy buena canción pop-rock que habla sobre los ardientes deseos de un convicto, quien anhela tener en su celda algo personal, algo vivo de su amada. ¿Y qué cosa más personal, más viva que un vestido ensangrentado?

Artista: David Bowie.

Disco: Heathen.

Canción: Cactus

Duración: 2:55.

Cactus.

Sentado aquí en un piso de cemento/

Deseando solamente tener algo que tú hayas vestido//



Lo saco cuando estoy solitario/

¿Te quitaras tu vestido y me lo mandaras?//



Extraño tu besuqueo y extraño tu cabeza/

Y una carta con tu propia letra no significa que no estés muerta/

Corre en la intemperie, en el calor del desierto/

Haz que tu vestido se empape y envíamelo//



Extraño tu sopa y extraño tu pan/

Y una carta con tu propia letra no significa que no estés muerta/

Entonces derrama tu desayuno y chorrea tu vino/

Solo usa esa vestido cuando estés moribunda//



Ensangrenta tus manos en un cactus/

Pásala por tu vestido y envíamelo/

Sentado aquí deseando en un piso de cemento/

Deseando solamente tener algo que tú hayas vestido//

__________________________________________________
En tiempos de encarcelamiento...
Love is in the air … ¿in the air?... ¡No¡

¡Love is in the BLOOD¡