sábado, 2 de octubre de 2010

Mitocondrias en el Teatro Experimental de Jalisco


                                                                           
“Las mitocondrias se describen en ocasiones como "generadoras de energía" de las células, debido a que producen la mayor parte del suministro de adenosín trifosfato (ATP), que se utiliza como fuente de energía química.”
El nombrar a un espectáculo acústico “Mitocondrias” quizá suena rimbombante… grandilocuente. Los que estuvimos en el Teatro experimental de Jalisco el pasado 1 de octubre, a eso de las 9 de la noche, podemos afirmar tajantemente que no siempre es así. Fuimos testigos de la excepción que hace válida la regla.
No tengo idea de qué tanto José Manuel Aguilera pensó el nombre de su sesión acústica, pero al final le queda como anillo al dedo. Porque lo que el líder de La Barranca hace en el escenario va mucho más allá de un simple Unplugged (y me refiero a cuando ese término significaba algo especial y no como hoy en día). El señor Aguilera crea las canciones en el escenario, y no simplemente ofrece una versión desnuda de las mismas. El Teatro experimental de Jalisco sirvió de  cuerpo huésped (uno muy íntimo por cierto) a una serie de armonías que fueron generando la energía necesaria para echar a andar un puñado de grandes canciones.
“Algunas características hace únicas a las mitocondrias. Su número varía ampliamente según el tipo de organismo o tejido.”
El organismo que nos ocupa esta noche se llama José Manuel Aguilera; y la riqueza musical de su cancionero ayuda mucho a hacer de la sesión acústica toda una delicia. Aquí las mitocondrias se presentan en un número elevado; pero extrañamente en este caso la cantidad no hace mella en la calidad. Se da una relación directamente proporcional.
Si el espectáculo se basara en un revisión desenchufada del amplio catálogo de Aguilera — que abarca Sangre Asteka, Nine Rain, Odio Fonky, La Barranca, y algunas aventuras solistas− un buen nombre sería “Células”, entendido esto como el embrión de las canciones que terminaron grabadas en un disco. Pues bien, “Mitocondrias” abarca ese aspecto embrionario, pero va más allá. En base a un gran manejo de pedales de grabación, el alguna vez miembro de Jaguares, entreteje las armonías que emanan de su guitarra, y loop sobre loop, eco sobre eco, o grabación sobre grabación, arma una canción en vivo y a todo color. Una base rítmica por acá, un rasgueo duro por allá, un acelerado y agudo requinteo a manera de cereza sobre el pastel; A repetido + B repetido + C agregado  y… el hambriento gran pez salta del agua. Porque después de todo el gran pez sólo sabe comer…
“La morfología de la mitocondria es difícil de describir puesto que son estructuras muy plásticas que se deforman, se dividen y fusionan.”
 Las formas no son fijas. No estamos en un museo de cera, por el contrario estamos ante algo orgánico y como tal, mutable. Porque no es lo mismo el tufo de plegaría que se desprende de Corcel, que la oscuridad infantil que emana de Nocturno (una de las nuevas canciones  que aparecieron al correr de la velada). Ni la austeridad de la Montaña se compara con la riqueza auditiva del Estallido interno. Muy distintos entre sí Ala de cuervo y Me moría (Come as you are en un triple préstamo: de Kurt Cobain a Caetano Veloso, y de ahí a  José Manuel Aguilera; a la calca, él mismo me lo confesó al final ja!) Un amplio espectro sonoro, canciones rítmicamente distintas, pero aun así unidas por algo más que la etiqueta de La Barranca. Detrás… mejor dicho dentro de ellas hay algo que podemos llamar el sonido Aguilera. Aceptémoslo el tipo ha logrado labrar su estilo, y a como está la situación, eso no es poca cosa.
Vaya noche la de anoche.
Hubo cabida para todo, desde el furioso Tempestad, hasta el olvidado Cielo Protector, pasando por el obligado Denzura y su potente sucesor El Fluir. Aunque la noche se vio más nutrida por Providencia y por el recién aparecido Piedad Ciudad; ¡ojo! estos dos discos vienen amasando un puñado de nuevos clásicos barranqueños. Amén de los covers a Come as you are de Nirvana y Plegaria de Agustín Lara, además de las nuevas canciones como Por siempre joven o El Alma nunca deja de sentir.
El acto heroico de la noche fue el de no tocar nada de su obra maestra: El fuego de la noche. A pesar de ser el disco más querido por todos, no resentimos su ausencia. Así de grande estuvo  Mitocondrias.
En una palabra: Memorable (con “M” no de Muerte, sino de Mitocondrias).
                                                      

“La científica estadounidense Lynn Margulis, junto con otros científicos, recuperó en torno a 1980 una antigua hipótesis, reformulándola como teoría endosimbiótica. Según esta versión actualizada, hace unos 1.500 millones de años, una célula procariota capaz de obtener energía de los nutrientes orgánicos empleando el oxígeno molecular como oxidante, se fusionó en un momento de la evolución con otra célula procariota o eucariota primitiva al ser fagocitada sin ser inmediatamente digerida, un fenómeno frecuentemente observado. De esta manera se produjo una simbiosis permanente entre ambos tipos de seres: la procariota fagocitada proporcionaba energía, especialmente en forma de ATP y la célula hospedadora ofrecía un medio estable y rico en nutrientes a la otra.”
Este párrafo  lo pegue con el único fin de que leyeran muchas palabras raras.

Esa madrugada  nunca se me olvida...
Nunca se me olvida que tengo una deuda pendiente con y por esa canción.

martes, 21 de septiembre de 2010

Celebrando al profesional (a.k.a: ¡Hail to the fake!)

Puntualizemos por favor:
a) Ni él es el presidente de los Estados Unidos... ni yo soy Marylin Monroe -y eso merece un ¡Halleluya! a la "n" potencia-.
b) Él es canadiense... y a mí las enrejadas y vaporosas alcantarillas me causan vértigo -amén de que no creo verme bien con escote-
c) Él es Leonard Cohen y yo soy Jeget den Enkelte (literalmente: yo soy yo).
d) Leonard Cohen nació el 21 de septiembre de 1934... yo NO.
e) Hoy es 21 de septiembre.
Por lo tanto...
Hoy es cumpleaños de Leonard Cohen y yo NO le voy a cantar cachondamente el "Happy birthday" enfundado en un revelador vestido blanco.

Lo mío es más mundano. Quiero celebrarlo robandome dos de sus poemas (¿un regalo robado al festejado?, sí que soy patético). Esos dos poemas hablan de dos, de los muchos rostros que tiene el autor de The Future

Charles Baudelaire decía que Edgar Allan Poe era autentico, aun cuando trataba de ser falso; era parte esencial de su genialidad (si mal no recuerdo, lo dice en el texto titulado: Edgar Poe. Su vida y sus obras.) Pues los dos poemas de Cohen dicen algo parecido.
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Del libro Memorias de un mujeriego:
El profesional.
De los libros de notas de Nashville 1969.
Dejo mi silencio a una cooperativa
de poetas/
que ya se han magullado las bocas
contra él.//
Dejo mi nostalgico atractivo a los
carroñeros de/
monedas suetas que se trabajan los
viejos rincones artísticos//
Dejo la sobra de mi viril entrepierna
a aquellos que/
escriben por dinero//
Dejo a varios hombres celosos una/
leyenda de segunda categoría/
acerca de mí vida//
A esas pocas muchachas de la
escuela superior/
que prefirieron mi trabajo al de Dylan/
les dejo mi oreja de piedra/
y mis eliminables ambiciones franciscanas.//
_____________________________________________
Por otro lado; del Libro del anhelo:
Miles.
Entre los miles/
que son conocidos,/
o quieren ser conocidos/
como poetas,/
quizá uno o dos/
son auténticos/
y el resto son impostores,/
rodando por los recintos sagrados/
tratando de parecer genuinos./
No hace falta decir/
que yo soy uno de los impostores,/
y ésta es mi historia.//
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Parafraseando a Baudelaire (¡Ya son muchos robos para una noche!) diré que Leonard Cohen es muy profesional, aun cuando le juega al impostor.

                          

martes, 7 de septiembre de 2010

Empapa tu vestido y envíamelo a West Memphis.

I´m not blind/ I can see it coming/ Looks like lightning/ In my child´s eye//

Army Reserve. Pearl Jam

(letra en coautoría de Eddie Vedder y Damien Echols)

No es un secreto. Es algo conocido por todos. Desde inicios-mediados de los 90´s los integrantes de Pearl Jam han hecho público su apego a distintas causas sociales. Cuando estaban en el pináculo de su éxito —no es que ahora no sean exitosos, pero en los 90´s gozaban de ese prestigio que sólo da el ser una de “las bandas del momento” — iniciaron una batalla legal contra Ticketmaster para que los boletos de sus conciertos se vendieran a un precio razonable. Además de la gran cantidad de conciertos benéficos, a favor de distintas causas, y de sus muchas alusiones a favor de la libertad del Tibet, los de Pearl Jam se inmiscuyeron en las campañas presidenciales que hicieron frente al gobierno de George W. Bush (la de John Kerry y posteriormente la de Barack Obama). En el plano estrictamente musical podemos traer a colación canciones como Bu$hleaguer del Riot Act: “Hes not a leader, hes a Texas leaguer…” la clásica Jeremy del Ten o la oscura Rival del Binaural.

                                                 
Por eso no es de extrañarse ver a Eddie Vedder en el programa de Larry King hablando sobre la necesidad de un nuevo juicio para los llamados “West Memphis Three”. Este nombre se le atribuye a los tres jóvenes ( Jessie Misskelley, Damien Echols y Jason Baldwin) que en mayo de 1993 fueron acusados de matar a los niños, de tan solo ocho años de edad, Steve Branch, Christopher Byers y Michael Moore. Los asesinatos fueron cometidos brutalmente, los cadáveres de los niños presentaron puñaladas, golpes, mutilaciones, castraciones, etc… Es por todo esto que el caso dio y sigue dando mucho de que hablar, sobre todo por que la manera en que se llevo a cabo la investigación policiaca. Los oficiales de West Memphis basaron su caso en argumentos como el gusto por el rock, la literatura de terror, y las vestimentas negras de Damien Echols (el supuesto líder), para crear alrededor de él una historia de ritos satánicos y asesinatos de niños dentro de los bosques de la localidad. No hubo un control adecuado de pruebas, ni de las escenas de los crímenes, además de darle mucho peso a declaraciones ambiguas. A pesar de estas deficiencias el veredicto (que aun hoy en día está en marcha) fue la pena de muerte para Echols (en aquel entonces de 16 años), y cadena perpetua sin derecho a fianza para los otros dos involucrados: Misskelley (17 años) y Baldwin (16 años). En un principio Misskelley se declaró culpable de los asesinatos y además involucró a los otros dos adolescentes; la defensa de los “West Memphis Three” ha dicho que la confesión de Misskelley fue forzada por la intimidación policiaca y apoyada en el bajo perfil y poco carácter del muchacho. Pero el daño ya estaba hecho. Exceptuando aquella confesión de Misskelley, aquellos tres muchachos, ahora ya adultos, siempre han proclamado su inocencia, y ahora con los adelantos en las ciencias forenses piden la reapertura y posterior revisión de su juicio y entonces, su posible exoneración. Así lo hacen saber en su página oficial.

http://www.wm3.org/

                                                                   

Sobre este caso se filmó el documental “Paradise Lost. The child murders at Robin Hood Hills” el cual sirvió para que varios artistas como Johnny Deep, Henry Rollins, Jello Biafra, Natalie Maine de las Dixie Chicks y Eddie Vedder de Pearl Jam, entre otros se unieran a la causa; tanto la cantante de las Dixie Chicks como la voz de Pearl Jam aparecieron la semana pasada en el show de Larry King hablando sobre un concierto a favor de los “West Memphis Three”. Eddie Vedder habló de cómo “estaba 100% seguro de su inocencia” además de que dijo entender, y sentir el pesar de las familias de los niños asesinados, las principales victimas de todo este embrollo. Pero es precisamente por la memoria de esos pobre niños y por la paz de sus familias que el caso debe ser debidamente aclarado. A grandes rasgos esa era la postura de Vedder, Maine y los otros invitados de Larry King.

Sin lugar a dudas el caso de estos tres hombres —de los “West Memphis Three”— es sumamente trágico por donde quiera que se le mire. Aquí toda arista resulta filosa. Si la mirada la enfocamos a los tres pobres niños asesinados, entonces la ira nos toma por lo hombros y nos recuerda cuan atroz es mancillar y cortar de tajo la etapa más feliz de los seres humanos. Atentar contra la infancia es atentar contra la felicidad en su estado más puro. Pareciera que la felicidad es retrógrada.

Pero si nos calzamos los zapatos de la Comunidad de Memphis, Arkansas, entonces la sed de sangre nos corroe la garganta. Nos perdemos en la justicia ciega de la multitud; ahogarse en la muchedumbre, en verdad es, perder la conciencia, la conciencia de sí. Ahí donde todos somos uno mismo, y uno mismo es ese todos. Desde la perspectiva que nos otorga nuestra situación cronológica y demográfica, podemos condenar a la comunidad de Memphis por la histeria colectiva y la cacería de brujas que aprobó. Eso es fácil; lo difícil es aceptar que muchos habríamos hecho lo mismo. ¿Cómo reaccionaríamos ante tres infantiles cadáveres? ¿En verdad seríamos capaces de desde un inicio zafarnos de la lógica de la multitud?

                                                                  

En el 2004 la Editorial Arlequin puso a la venta un libro que en su portada trae un fotograma del Nosferatu de F.W. Marnau. El titulo: En el principio fue la sangre. El autor: José Luis Zárate. Entre la serie de ensayos que dan cuerpo al libro remitámonos al que lleva por nombre La multitud.

Uno sabe que la multitud no piensa. La velocidad con la que se reúne no sigue ninguna pausa lógica, sólo la de la curiosidad. Nadie puede estar aislado en la ciudad. O tal vez sí, tal vez se pueda estar solo del peor modo posible: ahí, sin nadie y rodeado de gente. Rostros que únicamente quieren ver sangre, enterarse de cuántos han muerto, admirar el monto de los daños. No es posible pedirle comprensión a la multitud, ni una gota de piedad. La multitud es egoísta. (Pág. 58)

Tomemos prestada un poco de la humildad de Luis Zárate cuando dice:

También he sido ojos atentos, y aspirado el aroma del desastre como un perfume. No hay justificante. No hay motivos. Simplemente la multitud soy yo. Ustedes. (Ibídem.)

Un bosque, un riachuelo, y en él unas ramas, unas rocas y tres cuerpos; la sangre inunda nuestro rostro y anega nuestro espíritu racional. A lo lejos tres sospechosos… ¿nuestro primer impulso? ¿nuestra primera impresión? Un anuncio comercial rezaba que La primera impresión jamás se olvida, quizás por espacio de tiempo omitieron la parte que dice: y jamás se razona.

Pero hay otros actores que no podemos dejar de lado: los sospechosos. No soy nadie para llamarlos culpables o asesinos. Aquí a miles de kilómetros, a millares de rostros, y a un océano de desconocimiento de distancia, les puedo otorgar el beneficio de la duda. Jessie Misskelley, Damien Echols y Jason Baldwin son sospechosos. Si nuestra atención se centra en ellos, la cosa no mejora. Tres individuos que los últimos 17 años han vivido en la cárcel, dos de ellos con la cárcel como única garantía en su horizonte, el otro con una tumba graduada como meta. Tres adolescentes que dieron el paso a la edad adulta entre las rejas y nadando contra corriente. No ha de ser cosa sencilla, ni mucho menos agradable tener la puerta de tu celda rotulada con el slogan de “satánico asesino de niños”. Al interior enemigos perfectamente numerados, en el exterior el enemigo innúmerado (y este es el más peligroso).



Pero Eddie Vedder y Natalie Maine no fueron los únicos invitados que Larry King tuvo aquella noche. Además de los dos cantantes estaban presentes Dennis Riordan, el abogado defensor de Damien Echols, y la principal promotora de la libertad de los West Memphis Three, Lorri Davis. Durante la emisión Larry King preguntó a los invitados como es que se habían involucrado con la causa. Tanto Vedder como Maine dijeron que fue a partir de que vieron el documental de Paradise Lost, cuando se comenzaron a informar sobre el caso. Así transcurrió la conversación hasta que salió a la luz la cuestión de que Lorri Davis estaba casada con Damien Echols. Al parecer ella se interesó en el caso y comenzó a escribirle a Echols. De la relación epistolar nació una gran empatía que siguió con encuentros personales (creo que dijo mensuales) en la cárcel donde están presos los West Memphis Three, y que después de eso la relación tomo tal fuerza que terminó casándose con Echols. Vaya historia. La propia Lorri Davis dijo que “se llevan mejor que muchas parejas que conviven personalmente”.

A pregunta expresa de Larry King: ¿En Arkansas no se permiten visitas conyugales, verdad? Lorri Davis contestó entre sonriendo y apenada: “No”.

Esa sí que es una relación comprometida.

Echols pelea por su libertad, y dentro de esa libertad está incluida la posibilidad de convivir íntimamente con su comprometida esposa. Mientras esto no pase Damien Echols me hace recordar la desesperación que emana de la letra de Cactus.

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David Bowie abrió el tan mentado (y desilusionante) nuevo milenio con una nueva proclama. Si antes fue conocido como Ziggy Stardust o el Delgado Duque Blanco, en el 2001 se reconoció un pagano (heathen). Después de un disco tan bueno (a mí me lo parece) como lo fue el Hours del 99, Bowie decidió no desviar tanto el camino (algo que tampoco es ajeno a su costumbre). Si en Hours la intimidad de rolas como Seven o Tuesday´s Child eran pasadas por un fino filtro electrónico —a veces rockero como en The pretty things are going to hell—, en Heathen del 2001 se sigue esa misma regla, aunque más amplificada. La veta electrónica cobra mucho más peso en Heathen. Con voces arropadas por una gran cantidad de efectos (vocoder, loops, ecos…) y letras que descansan en medio de una red de sonidos electrónicos —la mayor parte de ellos con tintes etéreos— Heathen se presenta como un disco difícil de digerir, elegante sí, pero de difícil acceso. No es una producción de primera escucha; no se te pega a la primera. Canciones como Slow Burn (sencillo del disco), I took a trip on a gemini spaceship (firmada a nombre de un legendary stardust cowboy) o 5:15 the angels have gone dan muestra de esa genial amalgama de rock/pop/glam/electrónica que quedó asentada en Heathen. Es por esto mismo que resulta curiosa la inclusión de dos covers de artistas que podríamos considerar totalmente ajenos al sonido del disco: Neil Young y los Pixies. Bowie toma prestada I´ve been waiting for you de Neil Young y la convierte en la canción más guitarrera del disco, se podría decir la más "tradicional" del álbum. La guitarra está en primer plano, la línea del bajo es notoria y el ritmo de la batería es sumamente marcado. La voz de Bowie no presenta muchos arreglos, salvo unos pocos efectos de eco, pero suena nítida y bien entonada.

Por otro lado tenemos el arreglo que Bowie le hizo a la canción Cactus de los Pixies. En el Surfer Rosa de los Pixies, Cactus se presenta como una canción oscuramente sucia, y esto se debe al sonido sucio que marca todo el disco: Guitarras distorsionadas, voces chillonas, gritos en español y letras románticamente mórbidas como la de Cactus. David Bowie tomó esta canción y le dio un giro bastante interesante. Si en la mano de los Pixies la canción es pervertida, en la visión y mando de Bowie se torna pop. Bowie salva la melodía de la canción con un tímido rasgueo de guitarra, y la reviste con el grueso sonido del bajo, además de incluir una serie de doblajes a su voz a manera de coro. El resultado total es una muy buena canción pop-rock que habla sobre los ardientes deseos de un convicto, quien anhela tener en su celda algo personal, algo vivo de su amada. ¿Y qué cosa más personal, más viva que un vestido ensangrentado?

Artista: David Bowie.

Disco: Heathen.

Canción: Cactus

Duración: 2:55.

Cactus.

Sentado aquí en un piso de cemento/

Deseando solamente tener algo que tú hayas vestido//



Lo saco cuando estoy solitario/

¿Te quitaras tu vestido y me lo mandaras?//



Extraño tu besuqueo y extraño tu cabeza/

Y una carta con tu propia letra no significa que no estés muerta/

Corre en la intemperie, en el calor del desierto/

Haz que tu vestido se empape y envíamelo//



Extraño tu sopa y extraño tu pan/

Y una carta con tu propia letra no significa que no estés muerta/

Entonces derrama tu desayuno y chorrea tu vino/

Solo usa esa vestido cuando estés moribunda//



Ensangrenta tus manos en un cactus/

Pásala por tu vestido y envíamelo/

Sentado aquí deseando en un piso de cemento/

Deseando solamente tener algo que tú hayas vestido//

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En tiempos de encarcelamiento...
Love is in the air … ¿in the air?... ¡No¡

¡Love is in the BLOOD¡

                                          

jueves, 26 de agosto de 2010

Eros partiendo plaza.

A las mujeres bellas debería permitírseles todo, incluso matar.
Dios siempre se equivoca. Guillermo Fadanelli.

1. Cierre de calles

2. Un cadáver en una vitrina

3. Tramitología

Y

4. Envidia de la buena.

Vaya suerte la del tipo de Fox Sports. Nada más y nada menos que recibir un beso de esa delicia de mujer llamada Larissa Riquelme, eso sí que es algo para contarles a los nietos. La “novia del Mundial”, la culpable de que todos los hombres del planeta deseáramos ser transformers (¡Yo pido cambiar a forma de celular!)
                                    
Larissa Riquelme, la que consiguió más aficionados paraguayos, ¡sin necesidad de meter un solo gol!, además de que puso todas las apuestas a favor de su selección; porque para ganar mucho (y vaya que la silueta de esa mujer es precisamente MUCHO) hay que apostar mucho. Riquelme: La sensualidad encarnada. Me disculpan pero siempre he sido desconfiado… ¡No creo que sus lunares sean reales! Están ahí… exactamente ahí donde deben de estar. Ni un milímetro más arriba o más abajo. “Tanta perfección, también es un error.” dice Alejandro Jodorowsky en la película de El Topo, mmm, creo que la excepción a esa regla es de origen paraguayo, tiene unos labios de tentación, le da mucha vida a los colores de su bandera y está adornando las portadas de las revistas para caballeros.

Larissa Riquelme: Eros partiendo plaza en un entallado vestido blanco.

                              
Y viene, y juguetea, y aprieta el puño en donde nos tiene a todos, y derrocha sensualidad y… y ¡besa a este tipo! Vaya suerte de cabrón.

Después de algo así, cualquiera se puede morir tranquilamente. Yo lo haría.

Recapitulando.

1. Cierre de calles

2. Un cadáver en una vitrina

3. Tramitología

Y

4. Envidia de la buena.

Hasta para un jueves es mucho daño.
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Sin más preambulos.
Artista: Eels
Album: Blinking Lights and other Revelations
Song: Theme for a pretty girl that makes you believe God exist.

                                              

domingo, 22 de agosto de 2010

La pasajera en trance de Monte Carmelo.

“Tengo varios síntomas poco importantes que usted mismo puede ver.

Pero mi síntoma esencial es que no puedo empezar y no puedo parar.”

Frances D. Despertares.

Con frases como la del epígrafe de esta entrada, o como la siguiente: “La señorita D. nació en Nueva York en 1904, y era la menor y más inteligente de cuatro hermanos.” (Sacks, Oliver. Despertares. Editorial Anagrama, España. Pág. 79), pasa algo muy interesante: nos dejan a medio camino. Con esas líneas nos encontramos muy lejos del fantasioso “erase una vez…” pero, al mismo tiempo, también estamos a años luz del parco y aséptico “femenina caucásica de 65 años, con un peso de…”. Estamos inmersos en el limbo que media lo fantástico y lo clínico.

                                                            
Oliver Sacks (Londres 1933) recibió un sabio consejo del neuropsicólogo Alexander Luria (Rusia 1902-1977): era urgente renovar la visión que tenían los médicos con respecto a sus pacientes. Para el connotado neuropsicólogo Luria ya no era viable seguir percibiendo a los pacientes como meros cuerpos ―es decir encasillarlos como simples organismos humanos femeninos o masculinos, según fuera el caso―. Por el contrario, había que comenzar a verlos como personas. No, no, no… Quizás lo correcto sea decir que había que comenzar a mirarlos como personas; porque esa era la gran diferencia que yacía en la recomendación que Luria le hizo a Oliver Sacks: había que dejar de ver cuerpos y comenzar a mirar personas. Y aunque la empresa se antojaba difícil, había que empezar por algún lado y Luria ya había aventajado el camino. Luria decidió comenzar por abordar los textos clínicos de una manera distinta. Era necesario escribir dos clases de libros, unos serían especializados, los cuales contribuirían al avance de la medicina como ciencia; y por otro lado estarían los textos que, basándose en los casos e historiales clínicos de una enfermedad o de un paciente, contribuirían a la mejor comprensión de los enfermos en tanto que personas. Luria escribió el especializado texto de Las funciones corticales superiores del hombre y así reforzó los cimientos de la neurociencia cognitiva; y para abarcar el lado humano de la medicina escribió Pequeño libro de una gran memoria. La mente de un mnemonista. Habían nacido las “anécdotas clínicas”.

Oliver Sacks menciona entre sus grandes influencias médicas y literarias aquellas dos obras de Luria. Este aprecio por la obra de Luria, así como el posterior contacto a nivel profesional y personal con el neuropsicologo ruso, son los que dieron el empuje necesario a Oliver Sacks para dar a luz Despertares. En dicha obra Sacks habla de las vivencias que tuvo a partir de su llegada al internado Monte Carmelo, ubicado en Nueva York. Fue en esta institución donde Oliver Sacks echó a andar un nuevo tratamiento para los enfermos de la encefalitis letárgica ―enfermedad que tuvo gran auge durante los años 20 y que había dejado como secuela un gran número de enfermos recluidos en instituciones como el Monte Carmelo―; el tratamiento se basaba en la aplicación del fármaco Levodopa (L-dopa). Como todo buen tratamiento experimental la aplicación del L-dopa trajo situaciones inesperadas, tanto clínica como humanamente hablando, y todas ellas se recogen en los relatos que dan cuerpo a Despertares, relatos como el de Frances D dan fe de esos despertares a los que hace alusión el título.

                                                   
En las páginas que Oliver Sacks dedica al caso de Frances D. se da fe de todo lo que rodeaba a los enfermos de la encefalitis letárgica antes de la aparición de la L-dopa, y de todo lo que la aplicación del tratamiento les traería como consecuencia. Antes de la llegada de Oliver Sacks a la institución de Monte Carmelo, los enfermos de la encefalitis letárgica estaban en el olvido; eran un manojo de casos atípicos de distintas enfermedades. Los malos diagnósticos engrosaban sus historiales clínicos. Por ejemplo, en un principio los síntomas de Frances D. fueron diagnosticados como catatonia o histeria, esta demás el decir que esto no ayudaba en nada a la paciente. Hay enfermedades que por su mal tratamiento se tornan crónicas, pues bien, en un macabra analogía los enfermos de la encefalitis letárgica eran pacientes crónicos: estaban ahí desde… y seguirían ahí hasta… Es en este punto donde el fármaco L-dopa hace acto de presencia, revestido con un aurea de panacea.

El tratamiento a base de L-dopa resultó ser sumamente ambivalente, había recuperación, sí, pero esta se presentaba aparejada con el aumento de otros malestares. El caso de Frances D. no fue la excepción. Cuando en junio de 1969 Frances D. inició su tratamiento, ni ella ni Oliver Sacks sabían a ciencia cierta que esperar. Antes de la L-dopa los síntomas más características de Frances D. eran la marcada rigidez de su rostro (facies parkinsionana), así como su tendencia al congelamiento o, irónicamente dramático, a su contrario la festinación (es decir realizar movimientos que gradualmente se tornan más rápidos y violentos); en términos técnicos Oliver Sacks habla de Frances D. como un mujer con pasajes de acinesia e hipercinesia (no movimiento y mucho movimiento respectivamente). Frances D. vivía sumida entre el reposo o el desbordado movimiento, y no había intermedios. Para poder iniciar el movimiento requería de un impulso externo, algo que la motivara a seguir su curso, de no ser así el reposo la volvía a dominar por completo, nos dice Oliver Sacks:

“Podía levantarse de los asientos sin esfuerzo, pero, una vez lo había hecho, tendía a quedarse ‹‹congelada››, a menudo durante bastante rato, incapaz de dar el primer paso.” (Pág. 84)

Y más adelante el autor de Despertares puntualiza:

“Constituía un notable contraste con ello lo bien que subía las escaleras, de un modo tranquilo y constante, ya que cada escalón era un estímulo para dar un paso; sin embargo cuando se terminaban las escaleras volvía a quedarse ‹‹congelada›› y le era imposible seguir andando. Decía a menudo que, ‹‹si el mundo estuviera hecho únicamente de escaleras››, no tendría dificultades para ir a donde quisiera.” (Pág 84-85)

Fue el 25 de junio de 1969 cuando Frances D. se embarcó en la aventura del tratamiento con la L-dopa. Esta paciente, como cualquier paciente de cualquier enfermedad, anhelaba que la L-dopa la sacara del limbo del reposo y el movimiento. A la postre este anhelo le acarreo problemas tanto físicos como emocionales, ya que idealizó de tal manera a la L-dopa que visualizaba a Oliver Sacks como…

“(…) un redentor que le prometía salud y vida con mi sacramental medicamento, y después un demonio que le arrebataba ambas cosas y le causaba sufrimientos peores que la muerte. Cuando representaba mi primer papel ―el de médico ‹‹bueno››― la señorita D. no podía menos que amarme, pero cuando representé el segundo ―el de médico ‹‹malo›› no pudo menos que odiarme y temerme.” (Pág. 98)

Hay que recordar que la L-dopa era un tratamiento experimental, por lo que no se tenía un protocolo preciso a seguir, además el fármaco se presentó como una medicina sumamente volátil (es decir imprecisa, y esa es una palabra obscena en Medicina). Oliver Sacks nos habla de cómo no se podía determinar con exactitud una dosis diaria para todos los enfermos por igual, ya que cada paciente reaccionaba de manera distinta a distintas dosis, dependiendo de sus distintos estados psicofisiológicos. Esta ligazón entre la dosis del medicamento y la personalidad o el estado de ánimo del paciente refuerza, según Sacks, aquel cambio de visión del que hablaba Alexander Luria: ver personas y no cuerpos. En el caso de Frances D. la L-dopa siguió presentando esa actitud rebelde, ese carácter indómito del fármaco fue la constante durante el tratamiento de la señorita D. Basta con dar una repasada a las distintas dosis que le fueron aplicadas durante el lapso que duró el tratamiento fuerte de la L-dopa: de medio gramo a dos gramos, para después retroceder a gramo y medio, un gramo, 900 gramos, 950 gramos, y así. La graduación de las dosis se debió a que Frances D. respondió bien al tratamiento, recuperó mucha de su movilidad consciente, dirigida por sí misma, pero desgraciadamente esto se empató con una serie de ataques respiratorios. Durante estos episodios la señorita D. sufría de unos espasmo que la obligaban a contener la respiración durante periodos muy cercanos a la muerte, para después liberar el aire de manera violenta, además de padecer la terrible angustia que le provocaba sufrir un ‹‹engarrotamiento›› severo en su cuerpo, pero una apremiante movilidad en su mente: su pensamiento le demandaba con urgencia la desbordada movilidad (hipercinesia) pero su cuerpo se lo impedía de manera tajante (acinesia). Durante su tratamiento Frances D seguía siendo presa del dolor que emana de las antinomias ‹‹pascalianas›› (Sacks dixit): si antes de la L-dopa se debatía entre el reposo y el movimiento, durante el tratamiento se vio atrapada entre una renovada y anhelada salud y unas angustiantes crisis. Oliver Sacks le da voz a Frances D. y nos dice:

“La señorita D. describía así su situación: ‹‹No puedo controlarla, del mismo modo que no puedo controlar la subida de la marea. Me limito a capear el temporal y esperar a que amaine el viento››” (Pág. 88-89).

Este contraste entre la feliz salud y la angustiante enfermedad que acarreaba la L-dopa se ve claramente en la descripción que Oliver Sacks hace del día más feliz que Frances D. tuvo durante el tratamiento, y el día que le siguió. El 28 de julio de ese mismo 1969 France D. se fue de pic-nic y durante todo ese viaje se mostró como una mujer sumamente saludable (otra vez la ligazón enfermedad-estado de animo, entre lo patológico y lo psicofisiológico se hace presente). Al regreso del viaje exclamó con alegría:

“‹‹¡Qué día más maravilloso y más tranquilo! ¡Nunca lo olvidaré! ¡Es una inmensa alegría estar viva, mucho más viva que en cualquier otro momento de los últimos veinte años! ¡Si la L-dopa ha conseguido esto, es una bendición del cielo!››” (Pág. 94)



Pero la L-dopa saco a relucir sus garras y al día siguiente de ese maravilloso viaje Frances D. cayó en la mayor crisis que había presentado hasta ese momento. Días después de esa dura crisis (el 31 de julio de 1969) la señorita D. cayó en un estado de coma que duró todo un día; y este sería el final de su tratamiento fuerte de L-dopa. Tiempo después seguiría consumiendo el fármaco, pero ya de manera esporádica y acompañado de otros medicamentos (como la amantadina); los resultados de este nuevo tratamiento fueron buenos a secas; la mantuvieron estable pero sin ningún extraordinario repunte de su salud como aquel que presentó durante el lapso de junio-julio de 1969.

Después del milagroso renacimiento que le significó la aplicación de la L-dopa, y de la desastrosa caída en picada se fue la suspensión del tratamiento, Frances D. se volvió a encontrar en la tensa calma de una enfermedad controlada, con su consecuente resignación. En el siguiente párrafo Oliver Sacks da fe de los sentimientos que, por entonces, encerraba Frances D:

“A finales de 1970 la señorita D. se había enfrentado a retos de la L-dopa, la amantadina, las dopa-descarboxilasas y la apomorfina (todas ellas diversamente divididas y subdivididas), solas o en combinación con anticolinérgicos, antiadrenérgicos, antihistamínicos y cualesquiera otros precusores o bloqueadores producto de la inventiva humana. Había probado todos aquellos fármacos, y estaba harta. ‹‹¡Ya basta!››, se quejó. ‹‹Me ha hecho probar toda la farmacopea. He estado bien, he estado mal, he ido de un lado para otro, me han vuelto del revés y he pasado por todo lo que se pueda imaginar. Me han empujado, me han estirado, me han comprimido y me han retorcido. He ido deprisa y despacio, y también tan deprisa que, en realidad, no me movía de donde estaba. Y no paro de abrirme y cerrarme, como si fuera una concertina humana…›› Hizo una pausa para respirar. No podía evitar que sus palabras parecieran las de una ‹‹Alicia›› parkinsionana en un ‹‹País de las Maravillas›› post-encefalítico.” (Pág. 103)

Las páginas que Oliver Sacks dedica a la señorita D. nos arrojan el retrato (uno muy humano) de una mujer (una persona) sin estados intermedios. Una mujer que al depender de estimulación externa, carecía de un flujo que pudiera sentir como propio. Una mujer que, sin depender de ella, siempre estaba quieta o en movimiento, o bien iba o venia, o sana o enferma. Frances D. la adicta a los crucigramas. Frances D. la menor y más inteligente de cuatro hermanos. Frances D. la pasajera en trance.


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Es algo común y muy aceptado decir que el mejor Unplugged de MTV es el que hizo Nirvana. Apoyo la moción. Tiene todos los elementos necesarios para que así sea: el dejar de lado los hitazos del grupo, un puñado de covers de bandas desconocidas, un raido suéter verde y un puñado de buitres sobrevolando el set… todo una nota de despedida… todo un documento.

En lo que respecta a los Unplugged en español la cosa no es tan sencilla. Por estos lares no tenemos algo al equivalente del Unplugged en NY de Nirvana. Aquí no ha habido suéteres rotos, ni buitres ni notas suicidas en CD. Pero la cosa tampoco pinta tan mal; cuando menos hay tres acústicos que se pelean el puesto: El electrificado Unplugged (¿contradicción en los términos? ¿a quién le importa?) Comfort y música para volar de Soda Stereo, el chilenamente folklórico desenchufado de Los Tres (¿quién es la que viene allí?/ tan bonita tan gentil/ ¿quién es la que viene hacia mi?...) y el extraordinariamente lúdico Hello! de Charly García.


15 variados tracks que dan una somera pero certera pasada a la carrera de Charly García, eso es Hello! Ahí están la abridora y cachonda Yendo de la cama al living, la altamente rockera Demoliendo Hoteles, la infantil y juguetona Chipi Chipi y la “dedicada para Luis Alberto Spinetta” Rezo por vos. También tienen cabida (en forma de medley) las canciones de uno de los grupos de antaño de Charly García: Serú Giran. Yo reclamo con firmeza la GRAN ausencia de alguna de las canciones de Sui Generis, ¿ni siquiera Canción para mi muerte?... bueno. Pero también está la canción número 4, la cual (parafraseando al propio Charly García) va dedicada para Frances D: Pasajera en trance.

Canción ominosa que lentamente entra a escena. Es necesario que pasen 43 segundos para que la voz de Charly García tome la batuta en base a una letra que fácilmente trae imágenes a la mente. El rockero argentino remata las distintas líneas de la letra con un tono muy agudo, lo que da mayor dramatismo a, la de por sí, inquietante canción. Es digno de tomar en cuenta como la canción consigue un buen balance entre lo musical y lo lirico; la letra entra tarde y termina a los dos minutos para dejar espacio a casi minuto y medio de la melodía comandada por el piano.



Artista: Charly García.

Disco: Hello! Charly García MTV Unplugged.

Track: 4

Canción: Pasajera en trance

Duración: 3:20

Ella está por embarcar/

Quizás consiga un pasaje en la borda/

Ella está por despegar/

Ella se va//



Ella viaja sin parar/

El viejo truco de andar por las sombras/

De un comienzo sin final/

Ella se va//



Pasajera en trance/

Pasajera en transito perpetuo/

Pasajera en trance transitado los lugares ciertos//



Un amor real es como dormir y estar despierto/

Un amor real es como vivir en aeropuerto//

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Oliver Sacks describe como es que las forzadas posturas y la involuntaria rigidez de Frances D. se rompían como por arte de magia al escuchar un poco de música. Sacks describe como es que la señorita D adquiría una sobrenatural soltura al ser invadida por alguna melodía, para volver a caer en su lamentable y paradójica quietud, llena de tics, una vez que la música cesaba. Es grato imaginarla inundada por la atrapante melodía que emana del piano de Charly García…

“Pasajera en trance/ pasajera en transito perpetuo…” y ver la graciosa parsimonia de unos renacidos brazos yendo de aquí para allá.

El cuadro resulta encantador.

¡Levántate y baila Frances!